La semana pasada me invitaron a visitar Funginatur y pude conocer de primera mano un proceso que ya casi no existe: un cultivo 100 % natural y a su ritmo que empieza en el bosque y vuelve al bosque, con un respeto absoluto por el entorno.
Todo comienza en los montes asturianos.
Seleccionan ramas de roble que actúan como “casa” para el hongo. Sobre esa madera inoculan el micelio y dejan que todo siga su curso. Los troncos se apilan y reposan durante meses. Cada uno a su aire, sin prisa. Después, pasan a unas piscinas naturales con agua del río en circuito limpio: se depura y vuelve tal cual entró. Ahí los troncos se hidratan, se activan y comienza el verdadero ciclo productivo, sin químicos, sin aceleradores artificiales y sin más intervención que el tiempo y la propia naturaleza.
Cuando llega el momento, trasladan los troncos a las zonas de crecimiento y, poco a poco, las setas empiezan a asomar.
La recolección es manual, con tijera, delicadeza y mucha paciencia. Seta a seta.
Y cuando el tronco completa su vida útil, vuelve al bosque para descomponerse como materia orgánica.
El proceso empieza y termina en el mismo lugar, en un ciclo circular que respeta lo que toma y devuelve lo que corresponde.
Y cuando ves todo esto, entiendes por qué estas shiitake no se parecen en nada a las que solemos encontrar en cultivos intensivos, las plastificadas de supermercado.
Son más densas, más aromáticas, más sabrosas, y tienen un perfil nutricional y funcional completamente diferente.
Y es que hace años qu soy fan de las setas, y en particular de las shiitake, porque son un alimento interesante desde muchos ángulos. Un elixir de salud.
Son bajas en calorías pero altas en densidad nutricional. Aportan proteína vegetal de calidad, fibra fermentable y beta-glucanos, minerales esenciales como cobre, selenio y zinc, y, si ha recibido luz (como estas), también vitamina D2.
Varios ensayos clínicos han observado que su consumo frecuente puede mejorar parámetros inmunitarios como la actividad de linfocitos T y células NK, así como aumentar la IgA secretora, clave en la defensa de mucosas. Parte de estos efectos se explica por polisacáridos específicos de la shiitake, como el lentinano, que han demostrado capacidad inmunomoduladora y antiinflamatoria en numerosos estudios experimentales y clínicos.
Además, algunos trabajos sugieren que incluir shiitake de manera regular podría favorecer perfiles lipídicos más saludables y modular la microbiota intestinal, probablemente gracias a sus beta-glucanos y a su fibra fermentable. Desde la perspectiva clínica, esto la convierte en un alimento estratégico en personas con inflamación de bajo grado, colesterol límite, alteraciones digestivas o necesidad de reforzar funciones inmunes. Alimento funcional en toda regla.
Cuando se comparan shiitake cultivadas en tronco frente a las cultivadas sobre sustratos industriales como serrín o bloques, también se observan diferencias: las de tronco suelen mostrar más compuestos bioactivos, más capacidad antioxidante y mayor presencia de aminoácidos libres y nucleótidos responsables del sabor umami, algo que en la práctica se nota en boca.
El cultivo lento y natural no produce más cantidad, pero sí más calidad. Y eso, nutricionalmente, importa.

Pero ojo, que esto no acaba aquí.
Además de la shiitake fresca, en Funginatur también trabajan dos variedades que considero especialmente valiosas por lo que aportan a nivel digestivo, cognitivo e inmunológico: la Melena de león (Hericium erinaceus) y el Reishi (Ganoderma lucidum), ambas ecológicas, puras y en el caso de reishi, micromolido, listas para usar en cocina o como complemento nutricional.
La Melena de león contiene compuestos como hericenonas y erinacinas, estudiados por su capacidad de estimular la producción de NGF (factor de crecimiento nervioso), apoyar la neurogénesis y ejercer efectos neuroprotectores.
En los últimos años se han publicado ensayos clínicos que exploran su uso en personas con deterioro cognitivo leve, observando mejoras discretas pero constantes en memoria, función ejecutiva y atención.
También hay trabajos que muestran beneficios en población joven en parámetros como concentración, claridad mental y bienestar general.
Además, parece modular inflamación de bajo grado y favorecer un entorno intestinal más equilibrado, lo cual enlaza con el eje intestino-cerebro que tanto trabajamos en consulta.
En el tratamiento de la mucosa intestinal es uno de los suplementos de cabecera y ya está empezando a despuntar en los repertorios anti-aging y como prevención de enfermedades neurodegenerativas.

El Reishi es distinto: más adaptogénico, más orientado a modular respuestas fisiológicas en vez de estimularlas. Sus polisacáridos y triterpenos se han estudiado por su potencial para mejorar la calidad del sueño, reducir marcadores inflamatorios y favorecer una respuesta inmune más regulada.
En personas mayores se ha visto que podría ayudar a modular la función linfocitaria. En población sana, algunos ensayos han observado mejoras en marcadores de inmunidad innata tras consumir β-glucanos derivados de reishi.
Aunque la evidencia clínica todavía está en desarrollo y se necesitan estudios más largos, su uso tradicional y la investigación reciente apuntan a que puede ser un buen apoyo en contextos de estrés, fatiga, inflamación persistente o necesidad de fortalecer la resiliencia general del organismo.

En la vida real, estas tres setas —shiitake, Melena de león y Reishi— se pueden integrar fácilmente en un patrón de alimentación saludable.
La shiitake es perfecta para comer varias veces por semana, is preferidas son risotto de setas, shiitake con gambas al ajo negro y un revuelto de setas que combina textura, sabor y densidad nutricional sin complicaciones.
La Melena de león y el Reishi, al estar en polvo, se integran muy bien en sopas, cremas, infusiones, cafés o incluso en recetas como un caldo reconfortante o una crema de verduras de otoño.
A mi me encantó estas dos formas de tomarlo: café y té matcha.

Yo ya tomo mi primer café mañanero con melena de león.
No son medicamentos, no sustituyen ningún tratamiento, pero sí pueden actuar como herramientas útiles en un contexto clínico integrativo: modular inflamación, apoyar función cognitiva, mejorar la calidad del sueño, reforzar mucosas, facilitar la adaptación al estrés o apoyar la inmunidad.La visita a Funginatur fue una forma de entender mejor por qué un alimento cultivado con respeto, paciencia y oficio tiene un valor que va más allá del plato.
La naturaleza, cuando se la deja trabajar, rara vez decepciona.
Si algo me recordó esta visita es que la salud también está en esos pequeños gestos que repetimos cada día: elegir alimentos vivos, cultivados con respeto, incorporar ingredientes que suman y dejar que la naturaleza haga su parte.
Y si sientes que tu digestión, tu inflamación o tu energía necesitan un enfoque más personal, puedo acompañarte desde consulta. Trabajamos con alimentos reales, con evidencia y con estrategias que se adaptan a tu vida, igual que estas setas se adaptan al bosque que las vio crecer.
La visita a Funginatur fue una forma de entender mejor por qué un alimento cultivado con respeto, paciencia y oficio tiene un valor que va mucho más allá del plato. La naturaleza, cuando se la deja trabajar, rara vez decepciona.
También me recordó que la salud se construye con pequeños gestos cotidianos: elegir alimentos vivos, cultivados de forma responsable, incorporar ingredientes que suman y permitir que nuestro cuerpo haga su parte.
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Isa.